miércoles, 25 de julio de 2018

Aplastar





Aplastar

Ella como todos los días, se servía un té de jazmín al amanecer, el perfume de la madrugada y el contorno de su silueta a tras luz era un universo por descubrir, sus cabellos color de sol amanecían en mis pensamientos y no se retiraban, ella era mi vida y mi deceso en la turbia realidad del día a día, cuando ella tomaba su té , yo desayunaba el aroma de su mundo y lo saboreaba para no olvidar su esencia a mañana de invierno en la playa, yo la tenía a distancia y eran míos sus gestos, sus pasos y toda lo que en ella habitaba, ella siempre recibía cada semana una paquete abundante de té, el que le enviaba tan preciado obsequio, lo hacía para poder verla en los amaneceres en todo su esplendor, él se aseguraba que fuera siempre jazmín de Ceilán, era el único que tomaba la musa del amanecer, el rito del té en cada amanecer era su secreto más preciado y mi mayor pecado por confesar, ya que para aplastar las horas y la rutina de mis días de soledad debía sumergirme en sus recuerdos, yo la miraba a través de la ventana del quizás que no pudo ser, la miraba a lo lejos en la distancia de mi memoria, pero ahora el silencio comienza hablar y no quiero despertar, pero debo enviar el paquete para no olvidarla…

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